Rareza fundacional de Nintendo: la pez globo Gloopy no camina, gira agarrándose a postes para trazar curvas por laberintos, destapando lingotes de oro ocultos. El control centrífugo desconcierta al principio y hechiza después. Nunca fue superventas, pero su mecánica no se parece a nada anterior ni posterior, y esa singularidad le ganó un lugar permanente en la memoria de la casa.
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