Milton Bradley licenció el Corvette ZR-1 para este juego de carreras con pantalla dividida permanente: siempre corres contra un rival, humano o máquina, puerta a puerta por circuitos americanos. La sensación de velocidad es digna y el formato de duelo directo le da identidad frente a tanta carrera solitaria. Un deportivo de culto en cartucho de culto menor.

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