La secuela americana teletransporta a los comandos a una dimensión de monstruos y deidades hostiles, cambiando la jungla por escenarios alienígenas sin bajar el gatillo. Más extraña y más excesiva que su antecesora, encarna esa época en que las secuelas arcade se atrevían a cualquier cosa. Culto bélico con esteroides cósmicos.
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