Matemática de bazar en su máxima expresión: un noveno Mario nacido de la industria de secuelas inventadas, donde los talleres pirata injertaban al fontanero en motores ajenos y numeraban a placer. El jugador desprevenido compraba novedad; el historiador, décadas después, compra folclore. Patrimonio popular del videojuego de contrabando en estado químicamente puro.

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