Out Run (1986) reemplaza la meta única por un recorrido con bifurcaciones que llevan a distintos finales, todo envuelto en una estética de vacaciones europeas y una de las bandas sonoras más recordadas del arcade ochentero. Es uno de los juegos de carreras más influyentes de la historia, tanto por su diseño de niveles no lineal como por el gabinete original con cabina que se inclinaba; una referencia obligada del arcade de conducción.

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