Kazunori Yamauchi duplicó su simulador con tal ambición que no cupo en un disco: uno para modo arcade, otro para el modo simulación con cerca de 650 autos, incluyendo marcas que ningún videojuego había licenciado. Las licencias de conducción, odiadas y amadas, enseñaron a millones a frenar antes de la curva. Fue la enciclopedia automotriz definitiva de los 32 bits y vendió más de nueve millones de copias.
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