LocoRoco reemplazó el control directo del personaje por la inclinación del mundo mismo -presionando los gatillos para rotar el escenario y hacer rodar a los LocoRoco cuesta abajo- una idea tan simple como original que se convirtió en una de las señas de identidad de PSP en su primera generación. Su dirección de arte de colores saturados, su banda sonora cantada en un idioma inventado y su ternura sin cinismo lo distinguieron del resto del catálogo de plataformas de la época. Sigue siendo, casi dos décadas después, uno de los ejemplos más citados de diseño de juego que aprovecha genuinamente las particularidades de su plataforma en vez de adaptar una fórmula ajena.

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