Colección japonesa de sudokus que hace de la abundancia su único argumento: diez mil tableros de dificultad escalonada, interfaz funcional y guardado rápido, pensada como suministro casi inagotable para el viajero del tren japonés.
Es el extremo cuantitativo de la fiebre sudoku de los 2000, sin autor ni poesía: puro volumen. Como objeto, tiene la belleza absurda de las cifras redondas.

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