Port portátil del arcade más icónico de la historia: el laberinto, los cuatro fantasmas con personalidades propias y las píldoras de poder que invierten la cacería. La pantalla pequeña obliga a desplazarse por el laberinto, alterando la estrategia clásica. Más allá de versiones, tener a Pac-Man en el bolsillo era razón de compra suficiente.
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