El tablero de la vida de Taito se pone corbata: aquí se juega la existencia del oficinista japonés, entre ascensos, jefes tiránicos y copas obligatorias después del trabajo. Sátira laboral noventera en formato sugoroku, con el multijugador como corazón. Costumbrismo japonés puro, gracioso y rigurosamente imposible de exportar.

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