Mouser propone una mecánica simple y directa: apuntar y disparar contra ratones que aparecen y desaparecen por distintos puntos de un mapa fijo, con la velocidad de aparición aumentando a medida que avanza la partida. Es representativo de esa primera generación de arcades de reflejos puros, previa a la explosión de géneros más elaborados.
Su interés hoy es sobre todo arqueológico: una muestra de cuán directa podía ser la propuesta de un arcade en los primeros años de la industria, cuando una idea simple bastaba para sostener una máquina entera.
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