Este título pertenece a la serie Goukaku Boy ('chico que aprueba'), una línea de cartuchos de estudio pensados para ayudar a estudiantes japoneses a memorizar contenidos escolares, en este caso centrado en el dominio de los caracteres kanji. Más que un juego en el sentido tradicional, funciona como un cuaderno de ejercicios interactivo. Es un reflejo de un costado muy particular del mercado japonés de los 90: el de las consolas usadas también como herramienta de estudio, algo que casi no tuvo equivalente en Occidente.

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