Missile Command traslada a Game Boy uno de los conceptos más tensos del arcade clásico: interceptar misiles enemigos antes de que destruyan las ciudades bajo resguardo del jugador, con un número limitado de contramisiles que obliga a priorizar qué amenazas frenar primero. Sigue siendo, décadas después, un ejercicio de presión y decisión bajo estrés que no necesita ningún agregado moderno para funcionar: la fórmula original de Atari envejeció prácticamente intacta.
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