Sigue la fórmula de los simuladores de fama musical que proliferaron tras el éxito de programas de talentos como Pop Idol o American Idol: audiciones, elección de vestuario, presentaciones ante jurados, todo resuelto con minijuegos de ritmo y estilo pensados para un público adolescente que soñaba con el estrellato.
Es una entrega más dentro de un subgénero muy poblado del catálogo europeo de DS, sin gran distinción respecto a sus competidores directos.

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