Publicado para acompañar el centenario del naufragio de 1912, el juego combina la búsqueda de objetos ocultos con una narrativa que reconstruye distintos momentos de la tragedia del Titanic, en la línea de los juegos de misterio histórico de bajo presupuesto que la DS produjo en abundancia hacia el final de su vida útil. Es un producto oportunista en el buen sentido: aprovecha una efeméride real para dar marco a una fórmula jugable ya muy conocida en el catálogo de la consola.

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