Konami arriesgó todo en la secuela: mundo abierto, ciclo de día y noche que transforma pueblos en cacerías, y acertijos tan crípticos que alimentaron décadas de leyendas. Simon Belmont reúne las reliquias de Drácula para romper su propia maldición. Incomprendido en su época, hoy se le reconoce como visionario.
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