Port doméstico del clásico arcade de Konami: Charlie el payaso encadena números circenses —león entre aros de fuego, cuerda floja, trapecios— en rondas breves de puro timing. En Famicom perdió algo de color pero nada de encanto, y se volvió pieza básica de la primera hornada de la consola y de incontables multicarts posteriores. Arcade puro, directo y eterno.

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