Lo mejor del catálogo de Color Dreams: un puzzle de excavación heredero de Boulder Dash donde un robot minero abre túneles, empuja rocas y recolecta cristales en niveles cada vez más endiablados. Sin licencia de Nintendo pero con diseño genuinamente sólido, tuvo secuela en Lynx. Demuestra que el circuito no licenciado americano también produjo juegos con sustancia real.

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