El único juego de Miyamoto jamás publicado en Estados Unidos: el dragoncito Tamagon devora puntos en laberintos que se desplazan solos, empuñando cruces y biblias contra demonios. La imaginería religiosa lo vetó en América, convirtiéndolo en leyenda de catálogo. Como juego es un comecocos con ideas frescas; como historia editorial, es fascinante.
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