Homebrew que cocina su juego de palabras entre el aleteo y el panqueque: reflejos, volteretas de sartén y humor de desayuno servido en 8 bits. La escena moderna adora estos títulos-chiste ejecutados con seriedad mecánica absoluta. Partidas breves, sonrisa garantizada y esa filosofía de jam: una buena idea tonta vale más que diez solemnes.

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