Joya oculta de SETA (1990): empezar corriendo un humilde auto de barrio, ganar dinero, comprar mejoras y ascender categoría a categoría hasta la Fórmula 1. Esa progresión de garaje, revolucionaria para su época, anticipó por años la fórmula que haría famosos a los simuladores de carrera. Vista trasera veloz, ambición enorme, reconocimiento tardío.
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