Activision volvió a la franquicia con la secuela cinematográfica: fases de conducción por un Manhattan embrujado, capturas con rayos de protones y el juicio final contra Vigo el Carpático. Mejor articulado que su predecesor aunque igual de áspero, es cápsula perfecta de la era de licencias fílmicas. El uniforme beige nunca dejó de pesar en 8 bits.
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