El excéntrico clásico de Williams en versión NES: caballeros montados en avestruces que justan en plataformas suspendidas, donde la altura del choque decide al vencedor. Física flotante, buitres enemigos y el mítico pterodáctilo castigando la pasividad. Arcade de una sola pantalla y profundidad infinita, tan raro hoy como en 1982.
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