La casa del béisbol ardiente probó suerte con el tenis en 1989, trasplantando su sello visual: cortes dramáticos y primeros planos en los puntos decisivos. Torneos, saques con efecto y un ritmo más pausado que el arcade puro. Occidente lo conoció como Racket Attack; en Japón fue una pieza más del imperio deportivo Moero.

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