Konami llevó el motocross a la Famicom con vista cenital, circuitos embarrados y un campeonato por etapas que exige memorizar cada rampa. Producción sólida de la casa en su época dorada, que sin embargo nunca salió de Japón. Rareza deportiva de un catálogo Konami tan profundo que hasta sus juegos menores tienen oficio.

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