La secuela americana del clásico de Koei refinó la receta: oficiales con talentos individuales, diplomacia ampliada y un Japón feudal más vivo y traicionero. La saga educó a una generación de estrategas de consola que aprendió geografía japonesa provincia a provincia. Estrategia profunda en un sistema famoso por sus reflejos: el contrapeso intelectual del catálogo.
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