La conversión doméstica del clásico de Atari Games mantiene la premisa perfecta: repartir diarios en diagonal esquivando perros, autos y vecinos furiosos, castigando de paso las ventanas de los no suscriptores. Una semana de rutas cada vez más absurdas y una pista de obstáculos final. Sencillo, cruel y rejugable: el arcade suburbano por excelencia.
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