La secuela permite lanzar periódicos a ambas aceras, duplicando el caos con peligros domésticos cada vez más surrealistas. Paperboy 2 sube el absurdo y suaviza la curva respecto al arcade original. No reinventa la bicicleta: la decora con más animaciones, más obstáculos y esa satisfacción intacta de acertarle al buzón en pleno movimiento.
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