President no Sentaku propone lo impensable para una consola de juguete: gestionar una carrera política japonesa, con decisiones de despacho, apoyo público y estrategia electoral. Parte del catálogo adulto de simulación que la Famicom albergó sin complejos. Nunca salió de Japón: pocos mercados habrían entendido un juego donde ganar es gobernar.

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