Konami adapta el espectáculo televisivo de roller derby en un beat'em up sobre ruedas: tres equipos jugables, patadas voladoras a cuarenta kilómetros por hora y tramos de plataformas donde frenar no es opción. Ridículo en el papel, sólido en el mando, con esa factura técnica que Konami imprimía hasta a sus licencias más extravagantes.
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