El caso del secuestro de la hija del conde, resuelto por un Sherlock Holmes que recorre Londres a patadas contra la ciudadanía para recabar pistas y dinero. La adaptación japonesa convirtió al detective en héroe de acción involuntariamente cómico, y el resultado es kusoge de culto: torpe, desconcertante y absolutamente inolvidable. Elemental, a su manera.

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