Konami trae a la NES su clásico de salón donde la velocidad de los dedos lo es todo: martillar el botón para correr y sincronizar el salto o el lanzamiento. Ese frenesí de aporreo hizo historia en las recreativas y se trasladó al hogar con la misma intensidad. Es el fundador del subgénero de atletismo por botones, imitado durante décadas por incontables sucesores.
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