Druaga no Tou traslada a PC Engine el arcade de Namco de 1984 que puso al caballero Gilgamesh a subir sesenta pisos de una torre laberíntica, resolviendo el objeto oculto de cada nivel -a menudo mediante condiciones crípticas que solo se difundían de boca en boca entre los jugadores de la época- para poder avanzar. Es uno de los primeros juegos en fusionar la estructura de un laberinto de acción con elementos de rol como el equipo y los ítems secretos. Su influencia en el diseño de juegos posteriores, dentro y fuera de Japón, es mucho mayor de lo que su dificultad extrema y su falta de pistas explícitas podrían sugerir a primera vista: es una pieza clave para entender el ADN de buena parte del rol de acción japonés que vino después.

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