Tercer capítulo de la saga de tests psicológicos, que a esa altura ya funcionaba como producto de consumo regular en Japón. Renueva el banco de preguntas y mantiene intacta la propuesta: responder, comparar y dejar que el disco dictamine cómo eres realmente. Es entretenimiento social antes que videojuego, un formato que Occidente nunca supo cómo vender ni traducir.

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