Carreras de camionetas descomunales dirigidas al público estadounidense que llenaba estadios para ver monster trucks aplastando autos. Es conducción arcade sin pretensiones, con suspensiones imposibles y saltos que desafían la física. Ocupa el mismo nicho que la rama todoterreno de Test Drive, y como tantos títulos de su clase, pasó por el catálogo sin dejar demasiada huella.
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