Everyday Shooter, obra prácticamente en solitario del diseñador Jonathan Mak, convierte cada nivel en una composición audiovisual: los enemigos son formas geométricas que laten al ritmo de una pista de guitarra acústica original, y cada disparo, explosión y combo suma una capa sonora a esa misma canción. Es un shoot 'em up abstracto donde la música no acompaña la acción sino que nace directamente de ella.
Se convirtió en referencia obligada dentro de la ola de shooters de autor de finales de los 2000, junto a títulos como Rez. Para quien valora la fusión real entre jugabilidad y composición musical, sigue siendo una experiencia única incluso años después.

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