Uno de los experimentos más insólitos del género: un simulador de pachislot con envoltorio de historia romántica, como proclama su título sin sonrojo. La fiebre japonesa por las tragamonedas de rodillos era tal que los editores probaban cualquier fórmula para diferenciarse, incluso el amor. Rareza absoluta para Occidente y curiosidad simpática dentro de su nicho.

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