Secuela del clásico arcade del repartidor de periódicos: pedalear por el vecindario lanzando diarios a los suscriptores y castigando con cristales rotos a quienes no pagan. Amplía la fórmula permitiendo repartir en ambas aceras, con más caos suburbano que esquivar. La premisa más americana de la historia de los videojuegos, intacta en su mudanza a los 16 bits.
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