Midway lo lanzó en 1995 aplicando al hockey la misma receta que le había dado fama a NBA Jam: partidos de dos contra dos, sprites digitalizados de jugadores desproporcionados, golpes que tiran chispas y un relator gritando cada jugada. El resultado prioriza la lectura instantánea y el espectáculo por sobre cualquier pretensión de simulación deportiva.
Nunca alcanzó la popularidad de sus primos de básquet o fútbol americano, pero comparte esa misma energía de sala arcade ruidosa de mediados de los noventa: partidas cortas, violentas y pensadas para jugarse parado, moneda en mano, entre dos amigos.

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