Abscam toma el esqueleto de Pac-Man y lo reviste con una premisa insólita: el jugador controla a un senador corrupto —referencia directa al escándalo real Abscam, la operación encubierta del FBI de fines de los setenta— que recorre un laberinto juntando dinero mientras esquiva autos federales. Los power-ups, rebautizados 'influence', convierten por un rato a los perseguidores en bolsas de dinero.
Es una pieza de la era salvaje de las reconversiones no autorizadas de Pac-Man, cuando estudios chicos aprovechaban el mismo hardware para vender variantes con temática propia sin licencia de Namco. Hoy se juega más como curiosidad de la historia editorial del arcade que como experiencia imprescindible.
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