Blasted nació de las cenizas de un prototipo cancelado, International Team Laser, pensado originalmente como una experiencia de cuatro jugadores para capitalizar la moda del laser tag de fines de los 80. Bally Midway lo reconvirtió en un shooter de dos jugadores sobre hardware MCR-68: cada uno dispara contra cíborgs que invadieron un edificio de departamentos, cuidando de no herir a los inquilinos ni recibir el fuego de vuelta del rival. Es un testimonio curioso de cómo la industria arcade reciclaba conceptos fallidos, y hoy se lo recuerda más por esa historia de producción que por haber dejado una huella jugable duradera.
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