Como buena parte de los "N-in-1" que circularon en Europa durante los años de las primeras consolas domésticas, este cartucho reúne treinta y dos variaciones cortas de fórmulas ya conocidas -laberintos, disparos, esquives- sin acreditar autoría original y con una calidad de programación desigual. Su interés hoy es más de coleccionista y de curiosidad sobre la cultura bootleg de la época que de diseño: es un objeto que cuenta cómo circulaban los juegos fuera de los canales oficiales, no una experiencia que se sostenga por sí sola.

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