Warren Robinett lo diseñó en 1980 inspirado en el clásico de texto "Colossal Cave Adventure", pero resolvió el problema de narrar una mazmorra sin texto convirtiendo todo en símbolos que se mueven por pantallas conectadas: un cuadrado que es el héroe, patos que hacen de dragones, un murciélago ladrón y un cáliz dorado que hay que rescatar y devolver a un castillo. Atari no permitía firmar los juegos, así que Robinett escondió su nombre en una habitación secreta accesible con un truco casi imposible de encontrar sin ayuda: fue el primer easter egg documentado del medio.
Todo lo que después se llamó "action-adventure" —mapa explorable, objetos que se cargan y sueltan, enemigos con patrones— nace, en los hechos, acá. Se sigue jugando hoy no por nostalgia sino porque el diseño, con apenas unos pocos píxeles, ya entendía cómo generar tensión con un mapa y una llave.

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