Diseñado por David Rolfe, ubica al jugador en la base de una pantalla dividida en carriles por los que se desplaza lateralmente mientras dispara hacia arriba contra oleadas de naves que bajan por esos mismos rieles, hasta enfrentar a una nave nodriza al final de cada sector. La idea de organizar el caos del shooter en carriles fijos —muy en la línea de lo que Tempest hacía en los arcades— le da un ritmo distinto al del típico mata-naves de la consola.
Se lo sigue citando como uno de los shooters más sólidos del catálogo tardío del 2600, en un momento en que Activision ya exprimía el hardware mucho más allá de lo que Atari había imaginado en 1977.

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