Bumpy (Loriciels, 1989) pone a rebotar una esfera risueña por pantallas llenas de plataformas con carácter: algunas se rompen, otras queman, otras impulsan. Hay que juntar los objetos de cada nivel para abrir la salida, calculando rebotes como un billarista zen.
La crítica lo emparentó con la escuela de los arcades de precisión, y su descendencia dio que hablar: la propia casa buscó luego herederos en 16 bits. En las Atari se deja querer: colorido, directo y con esa dificultad francesa que sonríe mientras te elimina.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

Si te gustó este