Toma prestado el título del thriller de 1979 sobre un incidente en una central nuclear para plantear un juego de acción y reflejos en el que hay que evitar que la situación se salga de control, dentro del molde habitual de los cartuchos "con gancho de guion" que varias editoras de bajo presupuesto lanzaron para el 2600 a comienzos de los 80. La relación con la película es más de marketing que de guion desarrollado.
Es de esos títulos que hoy se recuerdan más por la rareza de su premisa —tomar un desastre nuclear real como excusa para un juego de consola— que por su jugabilidad en sí.

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