Como el resto de los cartuchos de diagnóstico que sobreviven en colecciones de Atari, este Diagnostic Test Cartrige corre una serie de rutinas para verificar el estado de la memoria, los controles y el video de la máquina, mostrando resultados técnicos en pantalla en lugar de cualquier tipo de entretenimiento. No estaba destinado a venderse ni a jugarse, sino a facilitar el trabajo de técnicos y personal de fábrica. Su interés hoy es casi arqueológico: forma parte de la infraestructura invisible que sostenía la fabricación y el service de las consolas de Atari, más que de la historia de sus juegos.

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