Fred the Frisky Flea llega con la fórmula completa del pasatiempo británico con mascota: nombre propio, aliteración y un animal diminuto con energía desproporcionada. Todo sugiere saltos -es una pulga, al fin y al cabo- por escenarios donde el tamaño del héroe es el primer chiste y el primer problema.
El catálogo no conserva créditos ni año confiables, situándolo en la nebulosa de la producción casera y de revista. Queda Fred, su brío y su apellido de insecto inquieto: a veces la conservación salva exactamente eso, un personaje que merecía existir aunque su historia se haya perdido.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.
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