Adaptación del juego de mesa Glib, donde los jugadores inventan definiciones falsas para palabras poco conocidas y tratan de engañar al resto votando por la respuesta correcta. Trasladar esa dinámica social a un cartucho de consola fue un experimento poco habitual dentro del catálogo de juegos de acción de la época. Curiosidad para quienes disfrutan el ingenio verbal por encima de los reflejos.

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