Indigo elige como nombre un color, y no cualquiera: el añil, tinte de misterio entre el azul y el violeta. La elegancia del bautismo sugiere autor con sensibilidad, quizá de la órbita demo-scene donde los títulos monocromos eran declaración estética, aunque el catálogo no conserve créditos ni descripciones confiables.
Queda como una de las incógnitas más serenas del fondo Atari: ni bélico ni estridente, solo un color esperando en la etiqueta. La conservación tiene estas ironías: sobreviven mejor los nombres hermosos que las historias detrás de ellos.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

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